1 de abril de 2010
- Antonio Camacho Negrón
Hablar de la actual crisis económica y el por qué la misma no es una crisis cíclica más del sistema capitalista sino una de carácter estructural de largo plazo sin posibilidades de resolverse dentro de los parámetros del mismo sistema, tomaría varios volúmenes. Sin embargo, trataré de manera escueta, presentar ante ustedes alguna información que a mi juicio está menos trillada y podría a la vez ser de más fácil comprensión.
¿Por qué ésta no es una crisis periódica más?
En esta ocasión, la crisis del capitalismo mundial es diferente. Pues como también sabemos, el capitalismo para poder subsistir necesita nutrirse constantemente de nuevos territorios donde invertir sus capitales, que consuman sus excedentes y le provean de materias primas y mano de obra barata. Después de la Segunda Guerra Mundial, la política de la Guerra Fría, le permitió a los Estados Unidos aislar a un gran número de países de la competencia en los mercados mundiales e imponer su hegemonía económica en Occidente. Pero una vez disminuyeron los márgenes de ganancia de las corporaciones, por el aumento del costo de producción y el achicamiento de sus mercados, las potencias Occidentales, entre otras medidas, se vieron obligadas a abrir la Organización del Mercado Mundial (WTO) a las dos naciones más pobladas del planeta, a India en 1995 y a China en el 2001. Para entonces los fabricantes de Estados Unidos, detrás de la mano de obra barata, primordialmente de México y Centro America, habían movido gran parte de su producción doméstica fuera del país y la economía había dejado de ser de producción para convertirse en una mayormente de servicios.
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