14 de octubre de 2003
Por: Haydée Colón
...fuimos a vivir mis padres y mi hermana a Caimito.
Allí conocí una comunidad diferente, negra y mulata, sencilla, autosuficiente. Hasta la pobreza material era compensada con abundancia de recursos naturales y una extraordinaria topografía. Sus periodos extensos de lluvia, verdor, flores, flamboyanes, variados frutos de la tierra, caballos, gallos, cabras, trovadores, tambores, religiosidad y solidaridad le caracterizaban. Tenía pequeños negocios donde reinaba el “fiao”.
En el barrio, todos teníamos donde guarecernos, hasta los más desposeídos. Lamentábamos la salida de familias originarias de la comunidad ante la escasez de oportunidades que no comprendíamos. A esas fechas, no estaban en Caimito los Banco Popular, ni el Doral ni las urbanizaciones y/o tiendas que hoy se anuncian. Pero sí planificaban establecerse y... ¡había que ir estrangulando la comunidad!
Leer carta completa