La juventud no necesita penas, tristezas ni preocupaciones de aquéllos que no saben respetar su voluntad y firmeza. No necesita que se acuse a sus compañeros ya no tan jóvenes de utilizarlos como tontos útiles con la burda finalidad de coger palos, lo cual es un insulto a nuestra inteligencia y capacidad. Se debió enfocar el análisis y angustia existencial en la brutalidad policíaca, quien en esa ocasión fungió de victimario y verdugo de la juventud y democracia puertorriqueña.