Sabíamos que ese era el lugar, pues desde el auto ya sentíamos una intensa aroma a café y se escuchaba el ruido incesante de la molienda. Las puertas estaban abiertas y entramos. Las paredes de esta antigua, pero bien cuidada, casa cuentan varias historias con sus afiches y objetos colgantes. Me llamó mucho la atención el afiche que leía:
Café Madre Isla
Nace una esperanza liberadora para romper la dependencia y hacer la CASAPUEBLO económicamente autosuficiente.
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