17 de noviembre de 2014
- Frecuencia Socialista
Las “reformas electorales” se suceden cuatrenio tras cuatrenio como mecanismos para favorecer a los partidos en el poder. Contienen medidas dirigidas a solidificar las posibilidades de los partidos de gobierno y socavar a la oposición. Dentro de eso, los partidos llamados “emergentes” y el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) resultan favorecidos o perjudicados dependiendo de lo que le convenga al partido que controla la administración del país.
Para las elecciones pasadas, por ejemplo, el Partido Nuevo Progresista (PNP) “reformó” la ley en dos aspectos entre otros: 1) Prohibió los llamados “pivazos” donde el elector votaba bajo la insignia del PIP y por los candidatos del PPD y las “alianzas” entre partidos y; 2) Redujo dramáticamente los requisitos de firmas necesarias para inscribir nuevos partidos por petición. Esta última medida tuvo el efecto de regalarle unas 40,000 firmas a los partidos en proceso de inscripción que, sin este incentivo posiblemente no hubieran podido participar en las elecciones.
De esta manera, colectividades que después demostraron que carecian de una presencia real a nivel nacional, tuvieron acceso a cantidades millonarias de fondos públicos. El propósito del PNP era claro: un voto por estos partidos significaba para ellos un voto menos para el PPD, que era su opositor con capacidad de ganar las elecciones. Los llamados partidos “emergentes” lograron coger pon en la estrategia PNP.
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