24 de agosto de 2014
- Colectivo Cayo La Yayí
Quieto en mi Isla voy. Contemplo los estragos, en la salud de nuestra gente, que han dejado los años de maniobras y experimentos. Contemplo el resultado nefasto que han dejado los contaminantes traídos por la Marina de los Estados Unidos. Contemplo cómo, el Departamento de Salud, continúa sin responder ni tomar acción alguna. Una EPA que sustituye a la Marina de Guerra de los Estados Unidos, a cargo de Vieques (¿Y Puerto Rico?), representando el poder imperial que somete. Y nuestro gobierno colonial, como cómplice del capital extranjero que acapara la economía. Cínico ante la realidad viequense ofreciendo políticas ilusorias. Un DRNA represivo, que pospone su labor ambiental, para abrazar proyectos turísticos de Fortaleza que destruyen nuestras riquezas naturales.
Pobre de mí Isla! ¡Pobre! Aunque aquí no hay tiempo para lamentos ni claudicaciones. Es el momento de denuncias, protesta y lucha frente a unos políticos que, ante la triste situación, solo ven oportunidades de enriquecerse. ¿Es que acaso alguien pone en duda que estos hechos definan nuestra coyuntura histórica?
En nuestro artículo anterior advertimos que el DRNA, dirigido por Carmen Guerrero, buscaba apresuradamente a un “científico” muy especial. Ese mismo científico, al que denominamos “sastre político”, para resolver la crisis ocasionada por viequenses que obstaculizaban sus planes de destrucción de la Bahía Mosquito y su entrega a la explotación desmedida por Turismo. Pues sepan que lo consiguieron. El científico llegó, balbuceo algo de jerigonza gringa desde el Fortín del Instituto de Cultura, y por arte de magia acabó con la moratoria y los “problemas” de la bahía. ¿Alguien puede cuestionar lo acertado de este jugoso contrato? ¿Quién cuestiona la superioridad intelectual yanqui?
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