28 de abril de 2014
- Jesús Dávila / NCM
Tras perder más de 260 mil empleos en apenas 15 meses y un índice de actividad económica que ha seguido marcando la tendencia de baja casi constante iniciada en 2006, Puerto Rico se aferra a las fantasías para mantener la gobernabilidad y tratar de resurgir de la crisis, como un Pinocho que aguardara por un hada protectora que le pusiese un nuevo corazón.
Pero las elaboradas elucubraciones de la institucionalidad política y económica no han logrado aplacar a los espantapájaros bandidos de Wall Street, cuyas casas acreditadoras siguieron este mes publicando sus informes de advertencia sobre la posibilidad acrecentada de que esta pequeña nación isleña y colonia de Estados Unidos desde 1898 se quede sin dinero para pagar sus obligaciones.
Ante la situación, la institucionalidad política apoyada por la prensa oficialista que sirve para canalizar y controlar grupos estratégicos de resistencia social, guardan los informes demasiado explícitos fuera del alcance de una opinión pública tratada a la usanza de los cuentos infantiles. Así por ejemplo, el gobierno y la oposición discuten si se lograrán o no los 50.000 empleos que prometió el nuevo gobierno, cuando en realidad ya se han creado 236.000 puestos de trabajo, pero se han perdido tantos que al presente el país tiene 46.000 empleos menos que al final del anterior gobierno.
Esas cifras, obtenidas del análisis de la base de datos –pública, pero no publicada por la prensa nacional- del Departamento del Trabajo y Recursos Humanos, son indicativas de una aceleración del deterioro de la situación económica. Así por ejemplo, en el primer trimestre de este año 2014, en Puerto Rico se crearon 41.000 puestos de trabajo, pero se perdieron 61.000, lo que hace que más de la mitad de la pérdida neta de empleos desde diciembre de 2012 se acumulara en los pasados tres meses.
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