25 de noviembre de 2013
- Organizaciones Anti-Incineración
El 18 de julio pasado, Detroit declaró su bancarrota, aceptando que no podía pagar sus obligaciones financieras, ni sostener sus servicios públicos, despidiendo empleados públicos, por su deuda de unos $20 billones de dólares. Los contribuyentes de la ciudad han tenido que pagar $1.2 billones en intereses por bonos de un incinerador que terminó arruinado, y finalmente tuvieron que venderlo pero con un contrato para suplirle basura. Habían estado a punto de irse a quiebra en tres ocasiones anteriores. Además, los ciudadanos han tenido que pagar hasta un billón de dólares adicionales en los costos de disposición de desperdicios sólidos y el transporte y entierro de sus cenizas; cinco veces más que las ciudades vecinas.
En el 2011, nada menos que la capital de Pensilvania, Harrisburg, se declaró en quiebra. La deuda de $300 millones en que incurrió para restaurar su incineradora precipitó su bancarrota. Esta incineradora era operada por Covanta, aliada de Energy Answers, la misma que propone la incineradora de Arecibo.
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