26 de septiembre de 2013
- Colectivo Cayo La Yayí
Dice la sabiduría indígena que: “El amigo de mi enemigo, no es mi amigo”. En Puerto Rico, no se había terminado de llorar sus muertos de la Guerra hispanoamericana, cuando la Marina de Guerra de los Estados Unidos se las arregló y consolidó su poder con el apoyo de los políticos del patio. Sin duda alguna, sus herederos hoy en día, todavía le guardan la fidelidad.
En aquel tiempo, esos políticos ávidos de ocupar un espacio que el anterior imperio español les habían negado, se apresuraron a jurar fidelidad a los intereses de la Marina, del capital y del gobierno extranjero trabajando en contra de los intereses de su pueblo. Así fue en el pasado y así se mantiene hoy. Tal y como en la fabula del flautista de Hamelin, la Marina recurre a la magia de una tonada misteriosa que arrastra a nuestros gobernantes y políticos desprovistos de voluntad.
Así, como una música verde hipnotizante, todo aquel que entra en contacto con ella queda cautivado. Esta melodía les hace olvidar su origen, su compromiso con el pueblo y les aviva la codicia y el individualismo. Caen rendidos en un éxtasis, donde el poder político sólo es medio para alcanzar éxito económico, y se sienten vencedores mientras al País se lo lleva el infortunio. Éstos demuestran su fidelidad implantando políticas de “seguridad nacional” con carpeteo, persecución, cárcel y muerte contra su propio pueblo. En Vieques, apoyaron la Marina a reprimir los “desobedientes” en ambos lados de la verja, por aire, mar y tierra.
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