13 de mayo de 2013
- Jesús Dávila / NCM
La vorágine que sume a Puerto Rico es tal que no han tenido mayor impacto sucesos como la prohibición de viajar impuesta por Estados Unidos contra un conocido líder político, la oferta de China para suplir toda la meta de producción de energía de fuentes renovables que requiere el país o la validación de la elección de un candidato que ni siquiera podía votar.
Ni siquiera el nuevo gobierno autonomista ha reclamado el logro político de que se creara en apenas tres meses el 64 por ciento de los empleos proyectados para año y medio, silencio fácilmente explicable ante el hecho de que el descalabro económico es tan marcado que el período concluyó con una pérdida neta de decenas de miles de puestos de trabajo.
Pero, con discusión o sin ella en la desorientada opinión pública, la corriente de la historia se precipita en torrente hacia un nuevo nivel que habría resultado impensable durante la segunda mitad del siglo pasado.
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