25 de enero de 2013
- Carmelo Ruiz-Marrero
La agricultura orgánica- o ecológica- se perfila como alternativa viable para alimentar la creciente población mundial ante retos apremiantes como las crisis alimentaria y energética, el cambio climático, el descalabro financiero global y peak everything. Esta modalidad de producción agrícola, que combina lo mejor de tradiciones antiguas y de la ciencia moderna, tiene tanta o más validación científica que la agricultura industrial convencional.
Pero desafortunadamente en Puerto Rico el movimiento orgánico-ecológico tiene pocas posibilidades de hacer mella en la agricultura del país si sigue por su actual ruta. El movimiento está actualmente plagado de falta de rigor científico e integridad intelectual, una fe ciega en la ideología de libre mercado, teorías de conspiración disparatadas, discursos anarco-libertarios que no son más que expresiones de hiper-individualismo, fundamentalismos vegetarianos, seudo-religiones de nueva era, y filosofías naturistas de corte seudocientífico y reaccionario.
En las tribunas de mercados orgánicos alrededor de Puerto Rico he visto talleres educativos muy útiles sobre aspectos prácticos de la producción agrícola ecológica, pero también he visto en esas tribunas muchas cosas preocupantes y hasta indignantes: gente hablando de astrología, piedras “mágicas” y “encuentra tu aura” como si se tratara de ciencias legítimas, gente vendiendo amuletos que supuestamente protegen contra las radiaciones de teléfonos celulares, supuestos gurús de la nutrición diciendo una sarta de disparates, y en una ocasión un señor diciendo que el gobierno de Estados Unidos está secretamente alterando el clima con máquinas misteriosas y “chemtrails”, sin presentar ninguna evidencia fehaciente o un solo argumento coherente.
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