15 de octubre de 2012
- Julieta V. Muñoz
Fea y enorme, espantosa, es la complicidad que los profesores por contrato de los sistemas universitarios del país hemos ondeado desde siempre. Soy una de ellas, lo he sido desde hace muchos años. He alzado la voz, sí, y lo que más hemos logrado, algunos de nosotros, han sido reuniones que siempre (ese siempre de siempre) acaban con la alegación de no hay fondos y de pasar la bola de cancha en cancha. Así pues, hemos estado jugando con ese balón, en el buen sentido del juego/trabajo, desde hace mucho tiempo y si no movemos el botecito, para calcar la expresión anglo, o si no levantamos la voz una y otra vez, escribimos, y hablamos, parecería que nada ocurrirá.
Constituimos cerca del 85 % del cuerpo de profesores de varias instituciones; la Middle States Association (MSA), entidad reguladora con siglas en inglés, lo dice una y otra vez, llama la atención a los administradores, y a los regidores de las instituciones, algunas de ellas operando como negocios con fines de lucro. Es de conocimiento general, no hay que citar las fuentes. La complicidad, a veces, se extiende extramuros universitarios y nos percatamos de que es así porque cuando conversamos en torno al tema, el/la interlocutor/a asiente, consiente en definir la situación como “explotación, “abuso”, hay algunos que hablan hasta de “afrenta” (como la afrenta de Corpes en el Poema de Mio Cid), y algunos la llaman “oprobio”.
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*Imagen de portada, pintura al óleo por Carrie Anne Baade, "Adjunct Professor"