8 de septiembre de 2012
- Diómedes Avilés Pérez
Si el amor te lleva al sacrificio “es la misma cosa”. Especialmente, cuando el amor tiene por corazón la patria. Aunque hayan distintos puntos de vistas. En mi caso se sobrecoge mi esencia al comenzar esta evocación, de una actividad deportiva en la que pienso tuve mucho que ver, y a la que me unen culturalmente con compañeros de lucha, culturólogos, académicos, artistas, lideres cívicos y políticos de todo Puerto Rico.
Es por eso no quisiera continuar sin antes pedir disculpas, por los inconvenientes presentados el día del evento en la que interpretaciones a destiempo intervinieron en las labores asignadas a cada uno de mis compañeros. Aún tan nimias que no juegan papel importantes, ya que eran ajenas a todos los que componíamos el cuerpo ejecutivo, dirigido por el laborioso Profesor Universitario Wilson Rivera.
Realmente en nada tiene que ver con lo que a la inversa podría especularse y que de hecho, no va al caso soslayarlos, porque se trata de unos acontecimientos, en la que creo hemos puesto lo mejor de nosotros. Pero todo lo que voy a relatar no hubiera sido posible, si no hubieran proliferado la capacidad, la cordura de dos grandes genios de la disciplina académica y el deporte, cono lo son los compañeros Padua y Wilson; dos espigados gigantes llenos de patria y deseos.
Mayagüez. Puerto Rico.
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