13 de julio de 2012
- Jesús Dávila / NCM
A diez años de un informe del Colegio de Guerra del Ejército de Estados Unidos que señaló al Partido Independentista Puertorriqueño por ser la oposición principal contra el uso estratégico de Puerto Rico como “isla bastión” (island-fortress), no sólo esa fuerza no ha desaparecido, sino que ahora el país se ha transformado en punto de amenaza más que de defensa.
Las dificultades nuevas, sin embargo, provienen del incumplimiento patente de los objetivos estratégicos que le fueron asignados a Puerto Rico, medidas desestabilizadoras impulsadas por la propia elite política pro EEUU y los problemas estructurales de una frontera artificial, establecida a más de mil kilómetros de la real para vigilar las principales rutas del tráfico marítimo hacia América Latina.
Atrás quedaron “metas y objetivos específicos” referidos en el informe –del Proyecto de Investigación Estratégica- de que, ante la inestabilidad de la región, Puerto Rico tuviera la triple función de “mejorar la seguridad interna (de EEUU) y la externa, promover la democracia y los derechos humanos y promover la prosperidad”.
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