25 de mayo de 2012
- Carmelo Ruiz Marrero
Para ser viable, toda sociedad moderna necesita de una inversión pública sustancial en la investigación agrícola. Y tal investigación requiere de la adquisición de especímenes de plantas y semillas útiles de todo el mundo. Con las sociedades socialistas no es distinto. En la primera mitad del siglo XX la Unión Soviética estaba a la vanguardia mundial en los campos de la genética, la ciencia de las plantas y el estudio de la biodiversidad agrícola, en gran parte gracias a la obra colosal de un solo individuo: el geógrafo Nikolai Vavilov.
En poco más de dos décadas, Vavilov realizó intrépidos viajes por cinco continentes recolectando semillas de plantas agrícolas, como maíz, papa, granos, forraje, frutas y vegetales, al igual que valiosos datos sobre la geografía de los lugares que visitó y sobre los idiomas y culturas de sus habitantes.
Vavilov participó de unas cien expediciones a sobre cincuenta países, y recolectó sobre 200 mil especímenes. Ningún individuo en la historia ha logrado igualar tal proeza. Gracias a sus expediciones, la colección de semillas de la URSS fue la más grande del mundo en su tiempo. Estas semillas fueron almacenadas y sembradas en estaciones experimentales diseminadas por los variadísimos terrenos y climas de la Unión Soviética. La influencia de sus ideas en torno a la agricultura, la biodiversidad y la geografía es tan grande que los lugares del mundo donde se originan las plantas más usadas en la agricultura llevan su nombre: centros Vavilov.
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