1 de abril de 2012
- Jesús Dávila / NCM
Lejos de la memoria popular de esta nación isleña, este año de 2012 marca el primer centenario de la hazaña científica y social del sabio borinqueño Fermín Tangüis que hermanó a Puerto Rico con el Perú y garantizó para el país andino su posición como cuarta potencia mundial en la producción de algodón, conocido desde entonces como el “oro blanco”.
El agradecimiento peruano es, sin embargo, diametralmente distinto del olvido puertorriqueño y en honor de Tangüis en Perú se nombran instituciones educativas y avenidas, además de un monumento con una estatua ecuestre en Lima que se considera el único en su tipo en el mundo pues en lugar de estar dedicado a un hombre de armas honra la memoria de un civil.
Fue en 1912 cuando Tangüis, entonces agricultor establecido en el Pisco, logró producir una especie de algodón inmune a la plaga que desde hacía siete años se había introducido en el país procedente de Estados Unidos y que llevaba a la ruina a los algodoneros peruanos y, con ellos, sectores importantes de la economía nacional. El científico puertorriqueño había buscado y trabajado pacientemente variedades autóctonas del Perú hasta lograr la producción genética de la semilla de la nueva variedad, que denominó “especial”.
Pero Tangüis no se limitó a cultivar y mercadear solo el nuevo tipo de algodón, cosa que sin duda le habría convertido no sólo en un magnate en el Perú sino en uno de los hombres más ricos y poderosos de toda Latinoamérica. Por el contrario, compartió gratuitamente las nuevas semillas con los agricultores de la zona, con lo que fue el Perú como nación el que logró, a partir de 1916, impactar los mercados internacionales con el algodón que comenzó a conocerse como “algodón Tangüis”, nombre con el que todavía se denomina esa muy bien cotizada variedad que además de resistente para la cosecha tiene una fibra larga de alta calidad.
Leer más