18 de marzo de 2012
- Roberto Ramos-Perea
Carta a Antonia Martínez Lagares, a los 42 años de su vil asesinato impune.
Queridísima Antonia:
Ayer andaba por Río Piedras y me detuve justo frente a tu hospedaje de hace 42 años. Miré largamente tu balcón, el del segundo piso de la Ponce de León, allí, por las librerías, y un amigo con quien siempre comparto cuando voy por ese barrio, me dice, “ahí mataron a Antonia”.
Yo no le había hablado del tema, pero salió de su boca con una brillosa certeza inesperada. Es que el trabaja por allí, y todos los días, cada vez que ve el balcón, se acuerda. Y yo por ende también. Es ese balcón, sí, justo allí. Deberían poner una placa o algo. Sé que hay murales en tu nombre, con tu bello rostro reluciente de juventud, que acompaña versos de poetas guerreros. Pero allí donde caíste, no hay nada que te recuerde.
Cerré los ojos un instante, pretendiendo, como hago a veces, reconstruir en mi oscuridad, las emociones de algún pasado importante que no haya vivido. Pretendo oír las voces de ese mismo pasado resucitando en el presente, como una vieja película que se torna de pronto reluciente, o una obra de teatro en la que me siento en primera fila. Y desde mis lecturas, mis imágenes, mis sentimientos más íntimos de puertorriqueño… escuché.
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