10 de marzo de 2012
- Ernesto Chévere Hernández
Nuestro mundo se balancea entre claroscuros y ambigüedades tan inmensas como la vida misma; pero la balanza no siempre se inclina a favor de los pueblos.
El equilibrio que debe imperar en nuestro diario es entorpecido por gendarmerías capitalistas donde los derechos más fundamentales de los seres humanos no son tomados en consideración. En este escenario, es el estado quien debe garantizar a sus ciudadanos elementos tan básicos como un techo digno, una educación liberadora y un sistema de salud que nos permita vivir con mayor tranquilidad y así equilibrar dicha balanza. Es en este último renglón donde me voy a detener.
La medicina - por este concepto se debe inferir la práctica médica – es uno de los elementos más importantes en nuestra sociedad. Es evidente que una disciplina que se encarga del cuidado de la salud de su población merece especial atención ya que atiende el elemento más fundamental de cualquier pueblo, su gente. Por una parte las leyes deben servir a la sociedad al igual que el gobierno, la educación y otros elementos que de una manera u otra inciden decisivamente en la salud física y mental de la población. Esta salud popular garantiza cierto orden en una sociedad. La medicina a su vez cumple con ser una carta que permite que, no solo estemos saludables, si no que permanezcamos de esta manera y tengamos una mejor calidad de vida.
Leer artículo