26 de febrero de 2012
- Gazir Sued
Es evidente que la “crisis” de la Universidad de Puerto Rico no es de naturaleza económica sino política. El progresivo desmantelamiento de las facultades de Ciencias Sociales y Humanidades acontece dentro de un proyecto de reestructuración general del sistema de educación superior, que no responde a meros requerimientos económicos sino a una rancia, obsesiva y torpe ideología política (mercantilista y tecnocrática) sobre la función social de la Universidad del Estado. Dentro de este escenario, los profesores despojados de sus empleos no representan ahorros significativos a los caudales de la institución. Más bien, se convierten en piezas alegóricas de la (i)racionalidad dominante, para la cual la “educación” ocupa una posición marginal en el orden de sus prioridades.
La gran paradoja se materializa a la sombra de la Ley, que promete “fidelidad a los ideales de una sociedad integralmente democrática” y, sin embargo, se reconstituye a sí misma como condición de todo lo contrario. En la retórica que la hermosea, se compromete a cultivar los valores éticos e ideales de vida de la cultura puertorriqueña; pero, en su lugar, se vuelca radicalmente contra ella; y sustituye de golpe sus valores e ideales por falsas ilusiones, socialmente desensibilizadoras; intelectualmente embrutecedoras...
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