28 de febrero de 2012
- Gazir Sued
A principios de 1902 se aprobó un proyecto legislativo para prohibir la crueldad contra animales en la Isla. La cobertura del New York Times atribuyó esta iniciativa al “sentimiento humanitario de los americanos”. Según reseña, ésta ley se tramitó por la presión de americanos residentes en la isla que se quejaban del maltrato generalizado a los animales: “Desde un punto de vista humanitario, el puertorriqueño es esencialmente cruel. Las consideraciones para los animales parecen estar más allá de su comprensión.” Aunque esta acusación resulte hiriente al sentimiento nacional, para nuestra vergüenza colectiva, la historia parece darle la razón...
El artículo lo dramatiza: un cerdo arrastrado vivo por la calle, atado y con la cabeza bocabajo, golpeándose la nariz constantemente, “y los chillidos de dolor parecían deleitar a la muchedumbre omnipresente”; Asimismo, “ver a un perro herido es un placer para el puertorriqueño promedio”; y cuando un caballo, azotado y atormentado inmisericordemente, cae por la fatiga, el “espectador nativo” se mofa...
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