26 de noviembre de 2011
- Dora Irizarry
La diáspora es siempre el lugar abstracto de la melancolía, de la memoria y de la soledad. Para muchos de nosotros y nosotras, es el espacio tenso de los problemas económicos, de los choques culturales, del etnocentrismo y el racismo, junto a otras intercepciones opresoras tanto al nivel de género, como de clase. A pesar de esto, también la diáspora es un lugar de nuevos encuentros, nuevas experiencias y nuevas solidaridades, lo que también es fundamentalmente transformador.
Hace dos años aproximadamente una compañera de Italia, Silvia Silvestrini, quien pertenece al Centro Social (C.S.A) Baraonda en Milán, se interesó por conocer la situación política y social de Puerto Rico. Silvia decide ponerse en contacto con la Isla a través de este medio alternativo, Indymediapr.org. Tuve la oportunidad de ver el email, contestarle y conocerla personalmente cuando me encontraba estudiando en la ciudad de Granada, en España. Así la compañera Silvia viajó a Puerto Rico varias veces y conoció no sólo a varios y varias compañeras activistas fuera y dentro de diversas organizaciones políticas (socialistas, comunistas, independentistas, feministas y anarquistas) y a colectivos de trabajo político- artístico como Papel Machete, si no que a demás entendió desde su propia experiencia los problemas que acechan a la clase trabajadora en la colonia.
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