26 de octubre de 2011
- Educamos
La renuncia de Jesús Rivera como Secretario de Educación debió haber ocurrido mucho antes. Peor aun, es un puesto que nunca debió haber ocupado. Se va en medio de imputaciones sobre el uso indebido de los servicios de agua y luz, y de una investigación en desarrollo sobre esto. Sin embargo igual o peor que eso, son la serie de irregularidades y violaciones a las leyes del propio Departamento de Educación en las que el ahora exsecretario incurrió, entre otras, con la imposición de un Reglamento de Evaluación ilegal, el mantenimiento de asesores muy bien pagados que nunca han resuelto nada, el desmantelamiento del programa de Salud en el nivel elemental, así como el de Bellas Artes, la eliminación de miles de plazas necesarias para ofrecer el servicio educativo a nuestros alumnos mientras aumentaba las plazas de supervisión y el cierre de escuelas obviando los intereses de las comunidades escolares. Todavía es la hora que en muchas de las escuelas que fueron desalojadas para su remodelación, no se ha puesto un solo clavo.
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El secretario de educación debe renunciar