21 de octubre de 2011
- Jesús Dávila / NCM
La actualización del dominio de decenas de islas del archipiélago de las Antillas por parte de Holanda, Francia, Inglaterra y Estados Unidos, con las que se controlan las principales rutas marítimas del Mar Caribe, ha entrado en una fase crítica debido a la posibilidad de que Puerto Rico –la mayor de ellas- repudie su presente condición colonial el año próximo.
La encrucijada se produce en momentos en que los nuevos arreglos para los territorios dependientes no ha logrado eliminar los reclamos por la independencia que se registran en islas como Curacao, parte del Reino de Holanda, los departamentos franceses de Guadalupe y Martinica, las Islas Vírgenes Británicas y hasta en las Islas Vírgenes de EEUU.
De hondas implicaciones geopolíticas, el cuestionamiento del sistema de fronteras artificiales con el que potencias distantes a miles de kilómetros en otras latitudes reclaman límites territoriales dentro de esta zona estratégica plantea también otras incertidumbres. En particular, están por verse sus efectos sobre el proceso emergente de protagonismo por parte de América Latina y con respecto a la presencia cada vez más influyente de países como China, Rusia e Irán.
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