19 de septiembre de 2011
- Marta Villaizán Montalvo
A sabiendas y en complicidad con el Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos, entre 1949 y 1951 el gobierno de Puerto Rico realizó un experimento humano para conocer los defectos de la vacuna contra la tuberculosis, Bacilo Calmette Guerin, (BCG, por sus siglas), que puso en peligro la vida de miles de niños puertorriqueños.
Ante la vacunación “forzosa”, Pedro Albizu Campos estalló en ira y como ingeniero químico y conocedor a fondo de la política científica criminal de los Estados Unidos, el 23 de febrero de 1950, señalando una niña entre la multitud reunida en Utuado denunció:
El que venga aquí a inyectarle a esta niña B.C.G., sea lo que sea -¿Con qué derecho? ¿Quién manda aquí a disponer de la existencia de esta niña? ¿Con qué derecho? El portavoz de los Estados Unidos en las Naciones Unidas confiesa que Estados Unidos está haciendo un experimento en Puerto Rico... Aquí, quiero que sepais hay más de 3,000 niños aquí en Puerto Rico de padres yanquis y ninguno de los padres yanquis consiente que esa vacuna se le ponga a sus hijos. ¿Por qué? Para los rusos sus hijos son sagrados y los médicos de Rusia no van a cometer el crimen de matar a la rusia del futuro... Los alemanes hacen lo mismo... Si los yanquis vieran algo de bueno en esa vacuna ya se la hubieran puesto a Truman, ya lo hubieran vacunado más de diez veces. El sabe, no se mete ese veneno.
Y Don Pedro tenía razón...
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