12 de julio de 2011
- Gazir Sued
La ideología dictatorial, la política militarista y la moral totalitaria constituían la trinidad que, a partir de la Primera Guerra Mundial hasta el último cuarto del siglo XX, definió regímenes políticos europeos bajo el signo del fascismo. Las grandes potencias imperiales que le hicieron la guerra, prometida su derrota definitiva, se repartieron el mundo entre consignas socialistas y capitalistas.
Pero el ejercicio de gobernabilidad en sus dominios, lejos de extinguir la voluntad de poder estatal absolutista, la integró virtualmente intacta. Para estos tres registros de control y dominación social, el aval y consentimiento de las mayorías era y sigue siendo su principal sostén. La manipulación de las conciencias y de los miedos de la ciudadanía era, como sigue siendo, condición esencial. Puerto Rico no es la excepción.
La reciente propaganda del alcalde de la ciudad capital, Jorge Santini, es muestra de evidencia. Mediante una costosa campaña mediática de corte fascista, el alcalde de San Juan anunció un modelo de política pública para “uniformar” la conducta ciudadana. A través de la imposición de “normas de conducta uniformes”, el Modelo de Comportamiento Urbano “busca un orden total en la conducta social y el ordenamiento urbano en la Ciudad.”
Simultáneamente, el gobernador Luis Fortuño insiste en promover entre los alcaldes su fallido intento legislativo, que pretendía imponer toques de queda en todos los pueblos de la isla, para “prevenir la incidencia criminal”.
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