La llegada del ex presidente colombiano Alvaro Uribe –prevista para junio- marca un nuevo avance de la contraofensiva del Gobierno, que sin embargo se topa con nuevos temas comprometedores, como la ocultación inmobiliaria por más de mil millones de dólares en la universidad del Estado y el presunto adiestramiento de una fuerza irregular anti disturbios.
Su presencia para dar ánimos sobre la inversión extranjera tiene importancia particular pues aunque el Gobierno ha logrado neutralizar sectores importantes de lucha social, como los sindicatos de trabajadores del Estado, todavía enfrenta una fuerte oposición a proyectos estratégicos, los estudiantes universitarios se niegan a rendirse y, sobretodo, siguen sin llegar los magnates que salven al país del colapso económico.