25 de mayo de 2011
- Ángel Quiles
Si creíamos que lo habíamos visto todo, nos equivocamos. Con una pancarta como telón de fondo que leía “Puerto Rico se supera”, una foto recoge el momento de celebración de autoproclamados líderes sindicales junto al gobernador Fortuño.
La ocasión: el momento en que Fortuño, junto a Rivera Schatz y funcionarios de uniones, firma la ley que extiende por dos años la vigencia de las cláusulas no económicas de los convenios colectivos y establece que no habrán elecciones sindicales hasta el 2012.
No existen palabras que puedan describir el desagrado que produce ese evento. Y es que a pesar de la trayectoria de dicho liderato, que los ha definido como empresarios sindicales, el mismo no deja de causar perplejidad. Las razones sobran. Luego de la implementación de la Ley 7, que tuvo como saldo más de 30 mil empleados públicos botados, negociaciones que redundaron en recortes de horas de trabajo, con mayor explotación, reducciones de salarios y pérdida de permanencias, “celebrar” representa un acto de soberano cinismo.
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