13 de mayo de 2011
- Josean Laguarta
El gobernador Luis Fortuño reaccionó hoy al anuncio del levantamiento en Peñuelas del primer campamento de desobediencia civil en la ruta del Gasoducto proyectado por su gobierno, vaticinando que los desobedientes recibirán de su gobierno el mismo trato “que en la Universidad de Puerto Rico”, pues según este, “son los mismos”. Si esto es así, las y los desobedientes – de todos los géneros, edades y niveles de capacidad física – irse preparando para las torturas, las agresiones sexuales, los macanazos a destajo y la generosa aplicación de gases lacrimógenos y “pepper spray”.
Lo curioso es que el “Señor” Gobernador piense que pueda existir gente en el país a quienes les resulte extraño – cuando menos, digno de recalcar – que efectivamente, muchos de las y los que luchan contra las injusticias, los atropellos y el saqueo de los bienes, espacios y recursos que son de todos (o de nadie), somos las y los mismos, y a mucha honra. No es cierto, claro está, que todas y todos seremos literalmente “los mismos”. Es normal y positivo que haya gente que se mueva contra el Gasoducto que no haya tenido la posibilidad o la necesidad inmediata de hacerlo contra la cuota, y vice versa. Sería absurdo suponer que la vecina del barrio, que se activó pa’ que no le enjorqueten el tubo de la muerte en el patio de su casa, va a estar en primera fila revuleando con los guardias en la iupi, por más que lleve pegaos del alma a esos muchachos, bendito, que lo que quieren es que to’ el mundo pueda estudiar en la universidad, y mira como los tratan.
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