Nombres de figuras del movimiento estudiantil han comenzado a discutirse en cónclaves privados para determinar los que serán investigados y sometidos a escarnio público en tanto el Gobierno sigue sin anunciar lo qué hará con la terminación de los contratos laborales de la mayoría de los empleados del Estado de manera que se siga evitando un tumulto social.
La encrucijada volátil amenaza con seguir manteniendo algún nivel de atención mediática externa sobre esta colonia de Estados Unidos, una nación isleña del noreste del Caribe equidistante de Guantánamo y de Caracas y sobre la cual la Casa Blanca sigue retrasando el nuevo informe de política pública en cuanto a su condición política.
Mientras tanto, la reacción contra el prolongado alzamiento estudiantil ya incluye académicos famosos que no dudan en tildar de “malandrines” a los huelguistas y de poner en juego su credibilidad haciendo esfuerzos cada vez más visibles para descarrilar el único movimiento que ha logrado presentar un frente sostenido contra políticas del gobierno conservador de Luis Fortuño. De igual manera, se incrementan las gestiones y expresiones en privado de algunos sectores afectos al oficialismo y hasta opositores temerosos de las consecuencias si no se pasa la página de la rebeldía estudiantil.