3 de febrero de 2011
- Amarilis Pagán Jiménez
Existen momentos en los que debemos reconocer cuánto nos avergonzamos de las acciones de otras mujeres. En las pasadas semanas he tenido que ver con mucho pesar cómo algunas mujeres que ostentan cargos públicos, más que actuar para la equidad y para enorgullecer a las demás, han actuado con mezquindad, con falta de amor al país y hasta con odio hacia quienes no piensan o sienten como ellas.
En la Universidad de Puerto Rico, dos mujeres han jugado un rol importante y devastador: Ygrí Rivera y Ana Guadalupe. Como sicarias de un gobierno que menosprecia la justicia y la vida del pueblo, ambas se convirtieron en el brazo que ejecuta las políticas de represión y en la boca que destila odio y desprecio hacia los reclamos del estudiantado. Alimentan los prejuicios en contra de quienes lideran movimientos sociales.
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