1 de diciembre de 2010
- Rogelio Acevedo
Tradicionalmente el Recinto de Río Piedras, ha servido de terreno de confrontación entre las fuerzas de la reacción y las distintas tendencias de izquierda. A veces parlamentaria, otras violentamente. Sin embargo, a partir del histórico proceso huelgario del pasado abril de 2010 han ido cobrando notoriedad "células" de estudiantes que impulsan una llamada propuesta de "transformación" de la universidad superando las ataduras de la modernidad.
Es ampliamente conocido que un sector del claustro riopedrense constituye el núcleo duro, último bastión del posmodernismo latinoamericano (aunque existen "focos de resistencia" aquí y allá) y que como parte del proceso educativo, ejercen influencia ideológica sobre sectores estudiantiles. No es que se pretenda dictar pautas o imponer lo que debe pensar la gente. No es que esté bien o mal ser posmoderno.
Sin embargo, cuando analizamos sus "propuestas" salta a la vista el juego ambiguo de palabras, su vocabulario rimbombante, su deconstruccionismo deformador de la realidad, la simpleza (y hasta candidez) con la que se acercan acríticamente a complejos procesos que operan en contra de las grandes mayorías. En fin, fundamentan sus planteamientos en un idealismo, que en ocasiones se torna cuasi religioso, pero que en definitiva no ataca las cuestiones fundamentales que han ocasionado el descalabro social que padecemos los oprimidos por el capital.
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