22 de noviembre de 2010
- Luis Ángel Torres
Los llantos, lamentos y maldiciones están choretos. Hay luto en las filas de los desmemoriados, muchos de ellos letrados, por el asalto de la falange fortuñista al tribunal colonial que aquí eufemísticamente denominan, Supremo. No hay justificación posible para que se añada dos jueces a un foro legal cuyos miembros actuales atienden un promedio de 27 casos por juez. Esa realidad es incontrovertible. Súmele dos millones de dólares y la ecuación le costará cara al desvencijado bolsillo del pagano pueblo. Hasta ahí, acompaño a los deudos, sin reserva alguna.
El problema está en algunas cosas que se dicen y otras que se evaden o esconden acomodaticiamente. Desbrozar el camino siempre puede ser útil. ¿Tribunal Supremo de qué? Supremo significa el más alto, de mayor rango, que tiene supremacía y mayor jerarquía. ¿Un tribunal cuyas decisiones están sujetas a tribunales de otro país se puede llamar supremo? Eso es una caricatura. Realmente, en Puerto Rico el único tribunal supremo es el Tribunal Supremo, imperialista, de Estados Unidos. El llamado supremo boricua es un tribunal colonial de segunda o tercera jerarquía, aunque el lenguaje y los modismos legales le asignen una supremacía que no tiene. El pomposo nombre de “supremo” es parte del yagrumesco discurso colonial entronizado por el muñocismo para engatusar a los gambusinos modernos. Le queda mejor el nombre de supremito. Fortuño lo que hizo fue aumentar la cantidad de testaferros del poder jurídico-político colonial.
Leer más
Además-
La revolución no bajará por orden del Tribunal Supremo