19 de octubre de 2010
- Carmelo Ruiz Marrero
Seguramente ningún mandatario boliviano ha sido tan célebre a nivel internacional como Evo Morales. Ha hecho mucha fama con sus pronunciamientos sobre la protección del ambiente y en contra del sistema capitalista. Su participación en la Cumbre Mundial de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Copenhague en diciembre de 2009 fue clave en exponer al mundo la hipocresía e inercia de las grandes potencias contaminadoras en torno al calentamiento global.
Fue en respuesta al fiasco de Copenhague que Morales se tomó la iniciativa de organizar una cumbre alternativa de sociedad civil en la ciudad boliviana de Cochabamba el pasado mes de abril. El discurso que ofreció en la apertura de ese magno encuentro, llamado la Cumbre Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, fue el alegato más importante y acertado hecho por un jefe de estado en torno a la ecología y el cambio climático. A nivel internacional todas sus declaraciones y acciones le han ganado la estima de ecologistas y progresistas del mundo entero.
Pero Morales no parece poner en práctica en su propio país lo que predica en los foros internacionales.
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