16 de agosto de 2010
- Marcos Reyes Dávila
Ahora ocurre que el señor alcalde de Lares, Roberto Pagán, prefiere ignorar la historia de su pueblo y de su país, prefiere dar la espalda a uno de los acontecimientos más significativos de Puerto Rico, para seguir las visiones "proféticas" de una pastora.
Aparte del asunto de la separación de iglesia y estado, vital hasta el extremo en una democracia que debe saber que el dogma anega en sangre la tierra, ¿cuál iglesia es la que sigue este alcalde? ¿O es que Lares ya no es un pueblo predominantemente católico?
El señor alcalde, sigue las fantasías de una pastora para darle la espalda a una nación que por casi 150 años ha encontrado en el Grito de Lares sus señas de identidad, guiado a ello por uno de los próceres más estimados por el pueblo puertorriqueño, internacionalmente conocido, mucho más que Luis Muñoz Marín o Luis Fortuño: Pedro Albizu Campos. A sólo una semana de la muerte de Lolita Lebrón, el alcalde Roberto Pagán pone en evidencia síntomas que requieren ingreso urgente en el Hospital de Psiquiatría. Oír voces es síntoma de esquizofrenia, señor Pagán. Seguir a un loco es cosa muy seria, según lo dice Sancho Panza en "El Quijote".
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