1 de diciembre de 2003
Por: José Miguel Pérez Otero
Muy exaltados y casi frenéticos, recién dejamos atrás un siglo y un milenio e inaguramos otro, haciendo acopio y en celebración ininterrumpida del paso arrollador de los progresos de la ciencia, de la economía y, en consecuencia, de gran parte de la humanidad. “¡En cincuenta años hemos avanzado más que en cinco siglos!” nos pontificaban con aires triunfales noveles heraldos del progreso. “¡Regocíjate y compórtate. Vamos bién y seguiremos mejorando!” inflexionaba la ráfaga del consejo no solicitado.
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