2 de abril de 2010
- Mariana Iriarte
La Universidad de Puerto Rico atraviesa un momento difícil que requiere combatividad y militancia de estudiantes, profesores, profesoras, empleados y empleadas no docentes. Sectores en todo heterogéneos con problemáticas y reclamos particulares pero con un espacio común y un fin último principalísimo: la defensa de una universidad excelente, pública y gratuita.
En los albores del siglo XXI no deberíamos estar luchando por detener un alza en el costo de los créditos sino más bien reclamando una verdadera reforma universitaria que garantice el acceso a la educación superior del pueblo puertorriqueño. Reforma universitaria destinada a democratizar la estructura administrativa y basada en la autonomía y el cogobierno real.
Entre tanto esta lucha comienza a darse pareciera ser que nos encajamos en pequeñas batallas y rencillas innecesarias. El movimiento estudiantil, al igual que todo movimiento, está compuesto por una multiplicidad de actores que enriquecen la discusión y ofrecen diferentes perspectivas. Acorde a lo anterior, aún cuando se participe de un frente amplio como puede serlo la coordinadora de los comités de acción, cada organización conserva su autonomía organizativa; máxime cuando el frente no está consolidado ni consta con un idea clara de cómo afrontar la supuesta crisis presupuestaria. De esta manera, algunos sectores abogarán por el diálogo y otros por la huelga, en definitiva son diferentes herramientas de luchas para atender una problemática común: el peligro que es esta administración para la educación superior en particular y la educación pública en general.
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