8 de marzo de 2010
- Nahomi Galindo-Malavé
Las instituciones carcelarias son sólo un ejemplo de formas de control social. Se ha comprobado que éstas no reducen la criminalidad; por el contrario, crean un círculo vicioso que empieza en el estigma y termina en la reincidencia. Sin embargo, tanto el castigo como el estigma son peores para la mujer, pues al ser confinada transgrede tanto la ley como los roles que la sociedad le ha impuesto.
Hace poco murió Vivian Mare Rivera, una joven confinada de la Escuela Industrial de Vega Alta. Su delito fue tener en su posesión una bolsita de marihuana, por lo cual le pusieron multa de $1,000 que no pudo pagar. El mismo día de la sentencia, fue ingresada a la penitenciaria.
No se puede ocultar el hecho que los tribunales estan repletos de casos como estos. Algunas personas, de sectores más acomadados, pueden pagar la multa; otros no. Así los primeros compran, con el aval del sistema, su libertad, mientras el pobre que cae entre las rendijas del sistema está siempre entre el endeudamiento cada vez mayor, y la cárcel.
Mucho se ha hablado de diversas propuestas para descriminalizar las drogas. Sin duda alguna esto ayudaria a reducir la desproporcionada poblacion penal que culminan en problemas de hacinamiento.
Por otro lado, la causa de la muerte de Vivian fue la pela que le dió una compañera celosa dentro de la penitenciaría. Vivian estuvo tres dias en la enfermería. La llevaron tarde al hospital.
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