2 de marzo de 2010
- Vilma Soto Bermúdez
Hace 56 años, el primero de marzo de 1954, cuatro puertorriqueños llegaron a Washington de paseo. Como turistas entraron a la mole del imperio, el Congreso. La mujer, bandera en mano, desplegó la enseña de su patria con su brazo delgado y firme, en la otra mano enarboló la pistola… Los cuatro héroes dispararon al grito de ¡Viva Puerto Rico Libre!. Ese fue el hecho. Aquí la historia:
Lolita Lebrón, Irving (Irvin) Flores, Rafael Cancel Miranda y Andrés Figueroa Cordero vivían como tantos otros puertorriqueños en las entrañas del monstruo. Llegaron a la urbe por necesidad. Puerto Rico sucumbía bajo la bota colonizadora de Estados Unidos y los boricuas se convirtieron en parias en su propia tierra. Había que buscar trabajo donde fuera. Así comenzó la gran emigración hacia el Norte donde hoy viven en exilio económico alrededor de 4 millones de compatriotas. La mitad de la población actual de Puerto Rico.
Desde la invasión de Estados Unidos a Puerto Rico, el gobierno opresor yanqui supo que no sería fácil doblegar a los habitantes de aquella ínsula que en el 1898 ya constituían una nación a pesar de España y de los nuevos amos.
La emprendieron contra los movimientos revolucionarios e independentistas. Cuando no era la cárcel, era la muerte. De esta manera los puertorriqueños fueron testigos de masacres, como la Masacre de Río Piedras en 1935 y la Masacre de Ponce en el 1937; de bombardeos a pueblos, como en la Revolución Nacionalista de Jayuya en 1950 y; los encarcelamientos de los próceres Pedro Albizu Campos, Juan Antonio Corretjer, entre otros, que defendían con dientes y uñas, armas, escritos y discursos la puertorriqueñidad mil veces vilipendiada por el imperio.
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La gesta patriótica del 1ero de marzo de 1954