22 de febrero de 2010
- Roberto Barreto
El pasado 10 de febrero, el gobernador Fortuño inauguró un taller de costura en la cárcel de mujeres en Vega Alta. La Administración de Corrección (AC) pretendía demostrar ante la prensa sus programas de rehabilitación, así como su nuevo arsenal de armas y su nueva flota de vehículos. Esos vehículos fueron pintados con logos gigantescos y desfilados en caravana para que de alguna manera el público piense que la AC está haciendo un buen trabajo. Se trata de fabricar una imagen positiva. Algo parecido a lo que pretenden lograr los publicistas cuando cubren de propaganda un campo de juegos o cualquier espacio que nuestros ojos toquen.
Resulta, sin embargo, mucho más conveniente para los políticos proyectarse como compasivos defensores de la rehabilitación que como los severos y represivos administradores que a diario implementan las políticas de Mano Dura. Así, por dar un ejemplo, la página web de la AC resalta en una foto la vieja inscripción que está tallada en piedra sobre la entrada del antiguo Presidio Estatal: "Odia el Delito y Compadece al Delincuente." Su profesión de fe a la rehabilitación sirve de cortina para disimular sus actos, su legislación cada vez más punitiva, sus sentencias más largas y mandatorias sin considerar las circunstancias, así como sus recientes restricciones al derecho a la fianza (de legalidad dudosa). Así Fortuño entra en tratos para facilitar la implementación de la pena capital por parte de los federales, mientras reitera públicamente que él no cree en la pena de muerte. Con ese lavado de cara pretende engañar al país y cobardemente desvincularse de la responsabilidad de sus actos.
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