5 de febrero de 2010
- Rafael Cancel Miranda
En nombre de mi pueblo verdaderamente puertorriqueño y en nombre del mayor de mis hijos que es médico y quien en más de una ocasión ha ido voluntariamente en misiones humanitarias a prestar servicios médicos gratuitos en África, América Latina y el Caribe; y en nombre de Pedro Dubois, aquel revolucionario haitiano fusilado en 1822 por el régimen español en Puerto Rico, acusado de ser uno de los principales organizadores de una conspiración para lograr la abolición de la esclavitud y la independencia de Puerto Rico; y en nombre del doctor Ramón Emeterio Betances, Padre de la Patria puertorriqueña y llamado El Antillano, quien como médico ayudó a combatir el cólera morbo que arrasó a Puerto Rico en 1855 y quien dormía en la acera para estar accesible a sus pacientes; y en nombre de todos los médicos puertorriqueños de gran sensibilidad que he conocido, quiero expresarle al pueblo haitiano nuestras excusas. Lo mismo quiero expresar a todo hombre y mujer sensible a la desgracia humana.
Hubiese querido que esos médicos que se burlaron de la tragedia humana se hubiesen enterado de la nobleza y sensibilidad de los médicos cubanos que están en Haití dando su mano y corazón a ese pueblo. Vi una doctora cubana llorar de la emoción mientras abrazaba a una haitianita herida. Quizás tratando de excusar a estos médicos puertorriqueños por su conducta tan inexcusable, podría culpar al sistema que los deshumaniza, mientras que el sistema que produce a los médicos cubanos humaniza. Pero hay una cosa que sí quiero afirmar: esos médicos que nos abochornaron ante el mundo entraron a la República Dominicana como “ciudadanos americanos” y fueron seleccionados y enviados por un senado colonial antipuertorriqueño.
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