4 de agosto de 2010
- Carmelo Ruiz Marrero
Noto con creciente preocupación y molestia que a menudo en los intercambios e interacciones con las audiencias [durante presentaciones sobre la biotecnología transgénica], la discusión se desvía hacia una vertiente apolítica e individualista: cómo comer sano, cómo evitar los transgénicos en la dieta, promover estilos de vida ecológicos y dietas naturistas.
Pero mi intención con esta labor educativa siempre ha sido llevar la discusión sobre el sistema agroalimentario en la dirección opuesta, hacia lo político: adelantar la soberanía alimentaria, luchar contra las compañías de pesticidas y transgénicos y los megadetallistas, visualizar un modelo distinto de sociedad, basado en una economía ecológica, descentralizada y orientada hacia lo local; integrar la lucha contra los transgénicos a las otras luchas ya existentes, en pro de la ecología, por el karso y el Corredor Ecológico del Noreste, los derechos de la mujer trabajadora, las reivindicaciones sindicales y obreras, las comunidades amenazadas por el desahucio, por el derecho humano al agua, vivienda, trabajo, salud y educación, y en contra de la privatización de nuestras playas, recursos naturales y servicios públicos, contra la violencia machista, la homofobia, el prejuicio xenofóbico, la brutalidad policial, contra el colonialismo en todas sus formas.
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